lunes, 22 de mayo de 2017

MI DESAFÍO - PRIMER DESAFÍO



PRIMER DESAFÍO
Samara, Rusia.

2016

Nastia sintió un escalofrío al leer las palabras de amenaza contra ella y su familia.
<¿Qué clase de broma enfermiza es esta?> Se preguntó pero rápidamente dejó de darle importancia y cambio de página para buscar una buena historia en wattpad que pudiera leer.
Amaba leer, amaba perderse en aquel mundo donde nadie podría alcanzarla. Imaginar una vida diferente a la que lleva hasta ahora, una vida donde ella era feliz.
Desde la muerte de su padre a los seis años su madre había estado constantemente de novia con diferentes hombres, pero todos acaban abandonándola e inmediatamente volvía a buscar otro esposo para no sentirse sola y sobre todo para sentirse deseada por el género masculino. Para Nastia era una tortura ver a diferentes hombres circulando por la casa semi desnudos bebiendo cerveza.

Su habitación se había transformado en un refugio contra el mundo, odiaba ir al colegio y odiaba estar en casa. Ambos lugares era un infierno para ella, su madre no le importaba nada que tuviera que ver con su hija y los estudiantes de la secundaria la molestaban que era hija de una zorr* y cuando ella creciera será igual a su madre.

Estaba cansada de todos, estaba cansada de su madre y del hombre de barba, Anton, quien apenas veía la oportunidad entraba en el refugio de Nastia y comenzaba a tocarla bajo sus sabanas mientras ella se hacia la dormida y por dentro daba pequeños sollozos.  Muchas veces había intentado contarle a su madre que Anton se provechaba de ella pero jamás le creía e insinuaba que Nastia era lo demasiado coqueta con él. De tanto intentar se cansó y solo tuvo a desistir y aceptar que usaran su cuerpo aunque eso la asesinaba por dentro.


Al pasar las horas se dirigió a la cocina buscando algo que cenar, como era costumbre la nevera estaba completamente vacía, exceptuando una lecha caducada y un pan tan duro como un ladrillo.

Tomó sus auriculares y el dinero que su madre había dejado para comida para salir en busca de su bicicleta de canastita amarilla, que ya era demasiado pequeña para su estatura. Pero el único medio de transporte que poseía aparte del auto bus escolar.

Aparcó su bicicleta a un árbol cerca del almacén de comida congelada y antes de dar un paso dentro de la tienda, la voz de una chica la perturbó.

-¿No crees que es demasiado pequeña para ti?

Era Inna la preferida de los profesores y alumnos de la secundaria. Iba acompañada con su hermana mayor, ambas de cabello rubio casi blanco y de ojos color verde oscuro y ambas perfectas.

-¿No hablas? –volvió a decir burlona.

Nastia la miró y bajó inmediatamente su mirada con miedo de hacerle frente.

-Eres un bicho raro zorr*ta de mamá.

-No seas mala con la chica fea. –Su hermana mayor también comenzaba con la burla.

-¿Sabías que su madre cambia de novio cada año? –Inna alzaba su voz.

Nastia sentía sus ojos arder, quería llorar, pero no lo hacía, se tragaba cada llanto al igual que cuando los chicos de la secundaria la molestaban en los pasillos, baños, comedor, etc. Si la vida en su casa era horrible, en la secundaria era peor.

Exhalo una gran bocanada de aire y entró a la tienda dejando atrás a la perfecta y maldita Inna.

-Hola Nastia.

Era el Gill, el cajero norteamericano de la tienda y vecino de Nastia desde siempre. Era solo tres años mayor que ella, y parecía agradarle, siempre le sonreía de manera deslumbrante cuando entraba al lugar.

-¿Llegaron los paquetes de arroz?

-Sí, justo los que te gustan.

Fue en busca de paquetes de arroz, desde pequeña había aprendido a cocinar, no porque su madre le enseñará, sino, porque la situación lo meritaba, era eso o morir de hambre.
También fue en busca de col para hacerse el zumo hervido que tanto le gustaba.

Lleno sus manos con un poco más de cosas y se dirigió hacia Gill para pagar las cosas.
Mientras el chico apuntaba los códigos de barra con su pistola lazar de tono rojo, ella observaba las revistas, le gustaba mirar donde salían esas mujeres perfectas, delgadas y muy atractivas. A pesar de ser delgada, pelo castaño claro y ojos verde, no se sentía hermosa, solo era una chica rusa más. Una vez en verano, compró una revista con modelos latinoamericanas y tomó sol en su jardín por una semana con la esperanza de que su pálida piel luciera como las chicas de ese revista, morena o aunque sea tostada. Pero no resultó, solo le dio insolación y su piel volvió a ser tan blanca como la nieve.

-Toma, regalo de la casa. –Gill estiró su mano que contenía un chocolate envuelto en un lindo papel celofán rosa.

-¿Puedes hacer eso? –Nastia esquivaba la mirada del chico, esquivaba todas las miradas.

-No lo sé, pero será nuestro secreto.

-Gracias.

Sonrío tímidamente y salió de la tienda.

Caminó con dirección a su casa y una ventisca  comenzó atacar la ciudad, las hojas de los árboles caídos se dispersaban en el aire formando un espectáculo increíble, Nastia sonrió al verlas revolotear por todos lados. Aseguró su bufanda a su cuello y prosiguió con su camino.

~*~

Estaba frente la puerta de su hogar, mientras intentaba buscar las llaves en los bolsillos de su abrigo una ventisca azoto llevándose dos billetes que asomaban en el mismo lugar de las llaves.

Dejó las bolsas en el suelo y corrió tras esos importantes papeles que se habían detenido en mitad de la calle. Desprevenida como era su costumbre, caminó sin cuidado para llegar a esos billetes y en el momento en que se inclina para recogerlos un estruendo hace estremecer sus tímpanos. Un auto gris se había detenido en seco frente ella, evitando un accidente fatal.

-¿Eres estúpida o qué?
La voz del chico la más que la ruidosa bocina, sin levantar su mirada y mucho menos observar al hombre de aquel auto gris, giró para adentrarse lo más rápido posible a su casa.

El auto emitió un chirrido antes de continuar velozmente su camino y otro ruido hizo sobresaltar a Nastia, esta vez era su móvil, un mensaje.

Número desconocido:
“Hola Nastia. Es hora de que comience tu travesía, el primer desafío es dibujar una ballena azul en un papel, luego tomar una fotografía y mandársela a tu curador. Pronto te pondremos en contacto con él. Suerte y recuerda las reglas”

El rostro de Nastia se estaba en completo asombro. ¿Cómo sabían su número telefónico?
Pero volviendo a pensar que era solo un juego ridículo, no hizo caso. Y se dirigió a la cocina para preparar su almuerzo.

~*~

Estaba a punto de dormir cuando su madre llamó diciendo que se quedarían un mes disfrutando de sus “merecidas” vacaciones y que pronto le enviaría dinero.

Los ojos de Nastia se aguaron, era cierto, su madre nunca pasaba con ella pero tampoco le gustaba la idea de estar sola por un mes completo, era lo suficientemente grande para no creer en fantasmas pero los ladrones si existían y no sería la primera vez que alguien intentara forzar la puerta de la entrada de su casa.

En pequeños sollozos, oyó el pitido de su celular. Otro mensaje.

Número desconocido:
“Te quedan solo cinco horas para enviar el dibujo o sino morirás. Tú curador asignado es Bev130, debes buscarlo y enviarle tu primer desafío. Suerte y recuerda las reglas.”

Nastia seco sus lágrimas y encendió el portátil, busco en Facebook a su curador y luego dibujó una ballena azul, no muy perfecta pero de todas maneras envió la foto a su curador.
Apenas fue enviada Bev130 respondió.

Bev130:
Pensé que no lo harías, estaba preocupado. Si fallas tú, falló yo. Debemos ganar. Mañana tendremos nuestro próximo desafío. Descansa, Nastia.

Una extraña sensación sintió en su estómago, jamás nadie le había dicho antes de dormir “Descansa, Nastia”. Una idea cruzó por sus pensamientos, tal vez el juego no sería aburrido después de todo. Podía ser hasta entretenido conocer a alguien sin tener que mirarle a los ojos. Lo había hecho por bastante tiempo a través de Facebook pero siempre terminaba por no hablarles más cuando pedían una fotografía de ella o una cita a ciegas, si bien las palabras se le daban excelente, pero no frente una persona.

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